Friday, October 05, 2007

El señor de capa roja

Ayer a las siete, 10 personas dejamos de ser quienes éramos. Tomamos prestadas las vidas de un puñado de poetas que, altruístas, quisieron dejarlas en nuestras manos durante toda la eternidad.
Vivimos el dolor de no tener qué darle de comer a un hijo, el orgullo de enseñarle a vivir, la nostalgia de recuerdos infantiles de una época que no nos pertenecía y sentimos un escalofrío cuando vimos morir a un pequeño gitano.
Comprendimos que el ser humano desea aquello que no puede tener, pero que hay personas valientes que luchan por lo que aman, asistimos al principio de una trágica historia, sufrimos el dolor del desengaño, rogamos que nuestro amado o amada permaneciera a nuestro lado y, aún así, le perdimos.
Sentimos morir a los amigos, a los que venerábamos, cantamos su recuerdo, nos vimos sumidos en el olvido del sueño eterno,...y vimos esperanza donde no parecía haberla.

Finalmente nos encomendamos a él, al teatro, el señor de capa roja al que le debemos buena parte de nuestros mejores momentos.

No creo que podamos nunca agradecerle todo lo que ha hecho por nosotros.

Ayer a las siete, 10 personas dejamos de ser quienes éramos, y un público maravilloso quiso acompañarnos.
Y, juntos, escuchamos el cantar de la música de otras olas.


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A los poetas, a quienes vinieron a vernos, al colegio, a mis barraqueros y, como no, al teatro:
Muchas gracias por el día de ayer